domingo, 11 de octubre de 2009

EL RETORNO DE MR BIG

Antes de mi cita con el Joven Amante yo había tenido un breve encuentro con Mr. Big en su oficina, las circunstancias habían sido casi calcadas al encuentro con Chico Guapo, sólo que no me apoyé en una silla sino en un escritorio.

Como he dicho en posteos anteriores no es muy cómodo tirar en oficinas, pero en ciertas ocasiones hay que aprovechar las posibilidades que nos brinda ese templo del trabajo. Después de mi breve polvo con Mr. Big en ese lugar, quedamos con ganas de hacerlo como corresponde e hicimos una cita para ir a un hotel.

A ti te pareció espectacular la idea, disfrutabas como enfermo de cada una de mis aventuras por muy rascas que fueran, escogiste mi ropa interior, esta vez iba a ir con un conjunto rojo, me entregaste dos condones, me pasaste un pito y como Mr. Big al igual que Chico Guapo se quebraban diciendo que podían tomarme mejores fotos que las tuyas, decidimos que si querían podían hacerlo, pero con tu cámara, o sea todas las fotos que pudieran tomar quedarían en nuestro poder, de otra manera no hubiera aceptado. Preparaste la cámara, me enseñaste lo básico y me la llevé en mi bolso.

Tú ya habías tomado la costumbre de fotografiarme después que volvía de mis citas con otros, te gustaba dejar todo registrado, las fechas anotadas, fotos de la ocasión y además implementaste un rudimentario sistema para grabar mis relatos. No es muy fácil escucharlos, entre susurros la mayor cantidad de las veces absolutamente incomprensibles, gemidos y gritos. Fuiste poco a poco mejorando la tecnología, los últimos se escuchan mejor, pero los gemidos y gritos, no hay cómo sacarlos.

Bueno vamos a la cita, era verano y llegamos en su auto hasta un motel céntrico, cuando se bajó del auto en el estacionamiento le pedí un minuto para hacer una llamada y te llamé, quería que supieras que estaba a punto de entrar. Ahora no había nervios ni angustias, sólo buena onda y ganas de pasarlo bien.

Llegamos y nos ofrecieron una pieza muy pequeña, no pusimos cara de contentos, entonces nos ofrecieron otra que quedaba al fondo del pasillo, no era mucho más grande pero tenía la particularidad de tener varios espejos: al lado de la cama, en la pared del fondo y en el frente, eso hacía que pareciera mucho más espaciosa y por supuesto le daba un delicioso toque erótico.

Yo pedí una gaseosa, él un ron, antes de que llegaran los tragos ya habíamos agarrado vuelo, yo me había puesto un vestido que era muy fácil de sacar, siempre pienso que no debe costar trabajo sacarse la ropa, no hay nada más mata pasiones que una polera o pantalón que queda tan ajustado que hay que realizar contorsiones y todo tipo de movimientos raros tanto para ponérselos, como para sacarlos.

Empezó a acariciarme sobre la ropa, el vestido corto y de seda era ideal, sus manos pasaban tanto sobre la tela como sobre mi piel …un juego delicioso, me alzó y yo me aferré con mis piernas alrededor de su cuerpo mientras él me sostenía con sus dos manos agarrando mis glúteos, yo presionaba mi zorra contra su cuerpo. Paramos porque tocaban la puerta, nos arrepentimos de haber pedido algo, pero había que abrir. Después de la mínima pausa, continuamos con lo nuestro, abrió el cierre del vestido y me chupó las tetas con una dedicación y asombro admirables. Yo había tirado muchas veces con él , pero siempre con el sostén puesto, esta era la primera vez que podía verme, tocarme y chuparme las tetas , era como cabro chico con juguete nuevo.

Se sacó la ropa y nos tendimos en la cama, yo aún tenía puesto el colaless rojo, le chupé su contundente pico, siempre cuando dejo de verlo por algún tiempo, me parece que está más grande, fui hasta mi bolso y saqué el par de condones, abrí uno para ponérselo y no pude, no pasaba la cabezota, después de luchar un rato entre risas y tallas él logró colocarlo y lo monté. Es un placer tan rico sentir la presión del gigante abriéndose paso para entrar. Yo miraba en el espejo del costado y en el del frente, mientras él miraba en el espejo que estaba en el fondo. Luego de un rato así, me puse en cuatro patas para que me penetrara en esa posición. Me embistió firme con sus manos sobre mi culo hasta que acabamos.

En la típica pausa del pucho, yo fui hasta mi bolso y saqué la cámara, simulando revisar algo. Los hombres no pueden guardarse las ganas de tener en sus manos esas cosas, así es que me la pidió, yo se la pasé, la prendió y me pidió permiso para tomarme una foto. Me puse el colaless por algo de pudor, después de todo tú eras el único que me había fotografiado desnuda, y comenzó el juego, no fue una sino varias fotos las que me tomó, yo además pensaba en ti y en lo que pasaría cuando vieras esas fotos, eran una prueba contundente, con los espejos no era fácil pero él trataba de no aparecer en ninguna de las tomas. Finalmente me saqué el colaless y posé desnuda siempre en forma bastante púdica, nada de piernas o culo abierto, eso es sólo para ti.
Pero igual nos fuimos calentando mucho, en un momento me dijo que le parecía espectacular sacar fotos con pitos, que eso calentaba mucho, yo saqué el pitito y lo prendimos, un poco paranoicos por el olor y todo eso.
Lo fumamos y entramos en ese estado maravilloso de calientes volados. Nos olvidamos de las fotos y empecé a lamer ese pico delicioso nuevamente, miraba sus ojos azules maravillados mientras lo chupaba lentamente y metía esa delicia en mi boca, el segundo condón se lo puso él y lo monté , me corría una paja mientras yo disfrutaba del regalo que tenía entre las piernas, sintiendo como llegaba hasta el fondo. Quise entregarle el mando y me acosté de espalda para que él llevara el ritmo, me penetró con mis piernas sobre sus hombros, al parecer la postura hacía más intimidante el porte de su miembro, porque lo sentía a la altura de la garganta.

Acabamos de nuevo, habríamos seguido jugando pero lamentablemente la realidad nos decía que ya era tiempo de irnos, de hecho ya nos habían llamado para anunciarnos que debíamos dejar la habitación por lo menos dos veces. Esa es una de las cosas malas de los hoteles rascas. Se duchó mientras yo lo miraba por un ventana que daba a la pieza ( yo no me ducho nunca después de tirar, a petición tuya).

Volví directamente hasta tu casa, abriste la puerta y me sacaste el colaless, sin cerrar la puerta todavía lo oliste con deleite, metiste tus manos en mi zorra que estaba empapada y te las llevaste hasta la boca, entramos y me senté en una silla, ahí me chupaste la zorra haciéndome acabar por lo menos un par de veces. Me fumé un cigarro mirándote. El ataque de amor que nos inunda en ese momento es algo indescriptible. Cuando te entregué la cámara me sentí entregándote un tesoro. Nos fuimos hasta la pieza del fondo, pusiste tu micrófono y comencé a relatar y recrear lo sucedido. Tiramos como dioses, me quedé a dormir contigo ese día, el placer fue absoluto.
La fotografía que ilustra este posteo la tomó Mr. Big, en esa ocasión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario